Representaciones Visuales
Muchas representaciones son íconos. Dichas imágenes presentan características que son asociadas con Jesús, aunque carecen de evidencia histórica. Los evangelios no dan una descripción de su aspecto físico, es posible que se hayan basado en tradición oral. Por una costumbre judía se cree que Jesús tenía barba.
Las imágenes más antiguas que se conocen actualmente pertenecen a los siglos III y IV en las paredes de las catacumbas. Ahí Jesús es representado de dos maneras distintas:
· Viejo barbado con una toga
· Joven sin barba sosteniendo una vara, estas características pueden indicar que los cristianos primitivos lo consideraban una especie de mago.
Las representaciones artísticas se basaron en simples ficciones por lo que no existen retratos de él. Una vez que empezó a ser representado con el pelo largo y con barba, estas imágenes empezaron a ser aceptadas como su aspecto físico original.
Los primeros cristianos empleaban símbolos como el pez, el lábaro (estandarte), y un ancla. Los temas tratados eran, de manera recurrente, las sanaciones y el bautismo de Jesús. Es muy probable que no existieran representaciones de Jesús debido los prejuicios que tenían contra la confección de imágenes religiosas, herencia del judaísmo.
Cuando el cristianismo se oficializó como religión, las imágenes de Jesús comenzaron a tomar más importancia: representado con una toga real y con un halo solar. Permanece el tema de "El Buen Pastor", con un Jesús imperial.
Se considera la imagen más antigua referente a Jesús a un grafito encontrado en una pared cerca del Monte Palatino, Roma, entre los siglos I y III. El dibujo es una burla de una persona romana hacia una cristiana. Se muestra a un hombre rezándole a una criatura con cabeza de asno crucificada, y el texto dice “Alexámenos adora a su dios”. Se puede destacar a la cabeza del asno como un prejuicio romano hacia los judíos.
La crucifixión estaba reservada como un castigo cruel y humillante para los criminales o enemigos del Imperio, entre otros. El grafito de Alexámenos se entiende como una representación de Jesús que recalca lo vergonzosa que fue su muerte.
A partir del siglo III, el cristianismo comenzó a extenderse entre los más humildes y los más acomodados, introduciendo a la figura de Jesús en el arte. El mandamiento que prohibía las imágenes fue ignorado por los cristianos acomodados, quienes deseaban tener imágenes religiosas en sus espacios personales. Con la expansión del cristianismo en sectores ricos e influyentes comenzaría realmente la inestabilidad en el Imperio.
Ya que no existía ninguna descripción de los rasgos físicos de Jesús, cada persona se lo imaginaba de acuerdo con su criterio. Se mantiene la esencia judía en lo teológico y moral. El cristianismo adquirió formas romanizadas en el arte, visualmente se ven elementos que hoy asociamos con su figura.
Durante el siglo III, la representación del ciudadano romano promedio era caracterizado con el cabello corto, bien afeitado, vistiendo togas o capas de corte latino, por lo que la imagen de Jesús ha sido adaptada.
Durante la época, predominaban escenas biográficas que lo mostraban como maestro en labor evangélica, aparecía con el papel del buen pastor, acompañado de ovejas que representan a los discípulos, el gallo representaba a San Pedro, o bien portando un cordero en su hombro. De igual manera se representaban los milagros y el bautismo.
La imagen humilde era fiel a lo que los creyentes podían aprender en los Evangelios, donde Jesús era descrito como un hombre de buena educación y un artesano. Los cristianos primitivos veían en aquel maestro de sencilla vestimenta a alguien distinto al opresivo poder imperial. Muchos romanos pobres se convirtieron al cristianismo debido a la cercanía que provocaba la representación de Jesús, muy distinta a la corrupción de las clases dirigentes del Imperio. De hecho, muchos judíos ortodoxos no toleraban que el Mesías fuese un humilde don nadie cuando esperaban un rey poderoso.
En el ejército romano había mucha gente de origen humilde que se convertía al
En el año 313, el emperador romano Constantino promulgó el Edicto de Milán para legalizar el cristianismo. En el 380, el emperador Teodosio se hizo bautizar, y decidió que el cristianismo iba a ser la nueva religión del Estado, abandonando la religión olímpica tradicional y otros cultos paganos. La Iglesia se jerarquizó imitando usos administrativos del Imperio y en lo alto de esa jerarquía estaría Cristo.
Hasta ese entonces, se había caracterizado a Jesús con el aspecto romano común, pero en el siglo IV empezó a ser retratado como una figura mayestática. Se lo pintaba y esculpía de pie sobre un pedestal, flanqueado por columnas, o sentado en un trono y rodeado por la mandorla, un marco oval con forma de almendra que resaltaba su majestuosidad.
En las Traditio Legis aparecía como si fuese un monarca que entregaba la ley divina a sus discípulos. En ellas, todavía se veía a un Jesús afeitado de cabello corto, pero ahora tenía la apariencia de los césares y se lo empezó a representar con todas y capas de clases dirigentes. Se añadía un halo luminoso en torno a su cabeza para demostrar su naturaleza divina.
Jesús con barba y cabello largo, en unas catacumbas. Siglos IV-V. https://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2015/10/Alfa-y-Omega.jpg
Si bien el cristianismo original parte de la tradición judía, al extenderse por Roma llegó a asimilar mucha de la filosofía griega reinterpretada por San Agustín, San Jerónimo, y otros padres de la Iglesia. Las ideas de los filósofos paganos se incorporaron en el cuerpo teológico del cristianismo oficial.
Debido a ello, en la mitad oriental del Imperio, apareció una imagen más helenizada, llevando barba como los filósofos griegos, cuyas efigies habían sido reproducidas múltiples veces y habían sido admirados en el Imperio. Además, el cabello ondulado para imitar imágenes de dioses como Júpiter (Zeus), fue pasado a Jesús para asimilarse como la imagen del dios más poderoso en forma de cabello largo.
Se volvieron habituales las escenas que acentuaban su divinidad, como la trasfiguración. Llegó el Cristo Pantocrátor, una expresión que significa “él gobierna sobre todas las cosas” o el “todopoderoso”.
El canon del pantocrátor ideal lucía barba y cabello largo, una de sus manos está en gesto de enseñanza como el de los filósofos mientras la otra sostiene un ejemplar de la Biblia. Su cabeza aparece rodeada por un halo, denotando su naturaleza divina. Su rostro está dividido en dos mitades, una con expresión dócil mostrando al Jesús humano buen pastor, y otra con expresión severa del Jesús divino que reina sobre lo conocido.
La adopción del cristianismo por el Imperio romano también provocó que la representación de Jesús fuese como un varón blanco europeo. Muy probablemente al descender de una gran línea de judíos el Jesús original pudo verse similar a un hombre palestino actual, pero esta imagen chocaría considerablemente con la visión imperial romano.
Primera representación narrativa conocida de la crucifixión. Marfil tallado en Roma (año 430) Link: https://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2015/10/British-Museum.jpg
A partir del siglo V fueron más recurrentes las representaciones de la crucifixión. En un primer momento parece ser algo irónico en comparación a la nueva idea de un Jesús imperial y poderoso, pero había la necesidad no solo de responder a necesidades teológicas, si no de cambiar la mentalidad sobre la crucifixión y que esta no se viera como algo tan desagradable. Es importante recordar que este método de ejecución fue abolido por Constantino hace años. Después de su muerte, las connotaciones despectivas que se asociaban a una pintura con la crucifixión se desvanecieron.
Incluso cuando se lo pintaba crucificado, mantenía una actitud mayestática. Comenzó utilizando túnicas como de un rey, pero debido a la inverosimilitud de este aspecto, se lo comenzó a representar casi desnudo usando solo un paño en la cintura por cuestiones de pudor.
Crucifixión en una iglesia de Georgia, siglo XII Link: https://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2015/10/Crucifixion-siglo-XII.jpg
Con la caída del Imperio de occidente el cristianismo se enfrentó a las invasiones bárbaras del norte, las cuales eclesiásticamente hablando fueron más sencillas gracias a su facilidad de conversión, en cambio los musulmanes no compartían esta ideología y avanzaban rápidamente en territorio.
Por otra parte, la Iglesia tuvo una división en 1054 por las tensiones entre jerarcas religiones de occidente y oriente, lo que llevó al primer gran cisma del cristianismo europeo.
A pesar de estos acontecimientos, el arte cristiano seguía reflejando a un Jesucristo como emperador de la Iglesia. El Jesús de la pintura se hizo más homogéneo, la carba y cabello largo se mantuvieron y así se dejó de lado la representación de un romano. La mayestática presencia de los pantocrátores continuó como la norma. Empezaron a verse imágenes de un Cristo con ojos claros, en algunas ocasiones hasta tenía cabello rubio, esto como consecuencia del predominio de los pueblos bárbaros.
Crucifixión anónima, siglo XV Link: https://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2015/10/Siglo-Xv.jpg
Los cristianos occidentales se minimizaron, provocando que la Iglesia aspirase a hacerse con el dominio de los asuntos mundanos. En las pequeñas comunidades feudales el catolicismo se hizo más cercano al pueblo, pero no para bien. A partir de los siglos XII y XIII, la Iglesia comprendió que se requería un cambio de mensaje, el cual se produjo a través de la actitud de algunas órdenes monásticas y en las representaciones artísticas. Los Cristos crucificados comenzaron a mostrar signos de sufrimiento, con la cabeza gacha, el cuerpo flácido y denotaba agotamiento y dolor. Comenzaron a aparecer más personajes rodeando a Jesús, como su madre, María Magdalena, etc., con una expresión desconsolada.
La influencia gótica contrastaba con la ortodoxia bizantina. Esta humanización de Jesús aún no se completaba y necesitó más tiempo para modificar los usos pictóricos y escultóricos.
Fragmento de “La última cena”, Leonardo da Vinci, 1495-1498) Link: https://plumasatomicas.com/cultura/cultura-cultura/ultima-cena-jueves-santo-cuadro-da-vinci/
El siglo XIV marcó a Europa con calamidades terribles, la visión pictórica de Jesús terminaría reflejando estos sucesos. Aparecieron imágenes como el Ecce Homo, el Jesús torturado, o escenas de la Pasión más centradas en el sufrimiento. Las autoridades católicas y ortodoxas conocían la importancia del arte como medio de comunicación, lo que se viese en las pinturas y esculturas era lo que los cristianos iban a entender sobre la religión. Dentro del contexto europeo del siglo XIV, había que enviar un mensaje de compasión, Jesús se convirtió en el Dios encarnado que decidió sufrir en su propio cuerpo todo aquello que ahora sufrían los cristianos. Se podía ver sangrado explicito, vestido con paños maltrechos y llevando la corona de espinas. Con estos elementos los cristianos aceptarían más la religión, y ahora entenderían que la ola de calamidades era provocada para sentir lo que Cristo sintió. El Pantocrátor no podía servir en la Europa devastada.
Con la evolución hacia el arte barroco, esto terminaba de perfilar la imagen artística de Jesús como la concebimos hoy.









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